Especialistas y visitantes coinciden en que en los últimos 40 años el mar se ha “comido” las playas de la costa norte de Yucatán, y aunque parezca que los daños son únicamente materiales, lo cierto es que la erosión costera también amenaza a la biodiversidad y al tejido social del estado. Aunque se han implementado soluciones para combatirla, a la fecha no se han observado cambios positivos.
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